martes, 4 de abril de 2017

Nuevas enfermedades: PokemonGo y el PokemonGolismo

Este texto fue publicado originalmente en el portal Cannabis.es, y esperamos que os guste... :)

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Enfermedades contemporáneas: PokemonGO

Aunque ya navego la cuarentena de la vida, por mis gustos e intereses, suelo moverme con gente de todas las edades. Músicos, hackers, químicos, narcos, bitcoiners, cultivadores... son grupos transversales, en los que se encuentra gente unida por un mismo interés más allá de las edades. Tal vez el más excluyente de todos, sea la música, ya que suele ser bastante normal que una generacion no entienda -ni comparta- la música de la anterior o la posterior, en parte como señal de propia identidad.

También el hecho de trabajar en asuntos relacionados con las redes y lo digital, es algo que hace que te mantengas en constante conexión con todo lo que va sucediendo y te permite seguir subido al tren de los tiempos que corren. Aunque ya haga más de 20 años que no tengo 20 años, he conseguido esquivar -hasta este momento- el abismo del neoanalfabetismo digital que me obligue a escindirme definitivamente de la cresta de ola.

Pero no puedo más y paso; yo aquí me bajo, carajo.



Mientras yo estaba un par de semanas de vacaciones en Asturias y el mundo seguía girando, llegaron los PokemonGo. Cuando me vi en mitad de mi viaje con un copiloto que iba cazando Pokemon por la autovía, supe que algo serio estaba pasando. 

Al acudir a Internet en busca de información, lo primero con lo que me encontré fueron artículos de gente que ya estaba muy cabreada con el asunto. ¿Ya? ¿Pero no han sacado la cosa esta de los PokemonGO hace un par de semanas nada más? Ni un mes de vida y ya era el nuevo vecino molesta de las aplicaciones para móviles... la cosa prometía!!

La movida es muy simple. Nintendo, que era una empresa en coma perpetuo (me sorprendió que siguiera viva), había lanzado una APP gratuita que, usando tu GPS y cámara en el móvil, convertía tu entorno en un contexto de realidad aumentada en la que aparecen esos monstruitos llamados Pokemon, y de los cuales hay más que especies de insectos en el puto planeta. Y con esa APP tú puedes ir por la calle o cualquier lugar, buscando y capturando esas preciadas joyas que son esos “monstruitos virtuales”. ¿Para qué? Paraguaya.

En unas semanas Nintendo ha doblado el valor de sus acciones y ha conseguido algo increíble: su aplicación está instalada en más móviles que ninguna otra que no venga por defecto ya. Es lo más descargado, habiendo superado al propio Whatsapp como “killer app” para los móviles. Nintendo se ha convertido en el mayor hacker del planeta y a la vez, en el objeto de deseo de todos los hackers del planeta. 

Conseguir acceso a cualquiera de los servicios que implante la aplicación en nuestro móvil, será el próximo pecado inconfesable de las agencias de inteligencia que pagarán a hackers para que descubran 0-day's. Como vector de ataque digital, la aplicación de Nintendo, es ahora mismo el Santo Grial, y además todos sabemos que no estaba preparada para este éxito masivo y su seguridad está “sin probar a fondo”.

Pero la explosión del fenómeno PokemonGO ha empezado -muy pronto- a dar muestras de la patología que explota: el PokeMONGOLISMO. Y sus víctimas, los PokeMONGOLOS. Es una patología transversal en género y edades, nivel económico o social, y en todos los estratos puedes encontrar personas afectadas. 

Van por la calle como el resto, y tampoco es que se distingan demasiado en principio porque van -como la mayoría- con el móvil como un apéndice más de su mano y los ojos clavados en él, pero mientras que los demás van a algún lugar... ellos pasean cuales peripatéticos griegos por el planeta, en continua caza de Pikachu como los atenienses buscaban la verdad absoluta.

Y claro, uno por la verdad absoluta o por Pikachu, pues uno hace lo que haga falta porque... ¿qué es tu vida sin tu propio zoo de monstruitos luchadores digitales? Así que los PokeMONGOLOS pasean, pero absortos como van sin rumbo exacto pues causan accidentes y situaciones de peligro metiéndose donde no deberían estar haciendo el PokeMONGOLO. 

Pero algunas muy serias, como está en la que un jodido tarado se paró en una autopista a cazar un bicho de esos, causando un accidente grave. Cuando veo la foto, no puedo quitarme de la cabeza al Jarfaiter cantando eso de “Ella quería un pollito de pitxu... ¡¡y se llevó un POLLAZO DE PIKACHU!!” y convulsiono en risas mórbidas (cada uno con su patología, ¿no?).

El sonido kinki del Jarfa me trae de vuelta a mi barrio, a la dura realidad del paro, la miseria, la policía apretándote como recaudadores de impuestos medievales, los galgos, pitbulls y stanford del parque con sus amos: los macarras de chandal y bardeo, como nueva forma de colisión social. Y vaya si van a colisionar...

En la plaza contigua a mi casa, una plaza algo “conflictiva”, han puesto una PARADA POKEMON(gola). Eso quiere decir que -como por arte de magia- empiezan a aparecer pardillos hipster por aquí, que no separan los ojos del móvil hasta que una mano (en la que pone PIKATXUUU!!) les arrea un bofetón y les quita el móvil, antes de pedirle amablemente la cartera para indicarle por donde salir de aquí sin más percances, porque en el fondo son buena gente...

Y para rematarlo, Nintendo, ha puesto un GIMNASIO POKEMON(golo), en el parque contiguo a mi casa. Un parque conocido especialmente por la policía, que no son muy amigos de pasar por allí (sobre todo si no van en grupo) y que es donde nos criamos la mayoría en este barrio, jugando o robando entre chutas. Otras épocas y problemáticas similares, pero la misma esencia navajera destila el lugar.

El lector no formado en PokeMONGOLOGÍA -como yo- se preguntará qué cojones es un GIMNASIO y una PARADA POKEMON. La parada es simplemente un lugar en el que “aparecen” bolas mágicas y polladas de colorines para cazar más bichos -según “el Adri”, un conocido macarra de estos lares- lo que hace que grupos de incautos pokemongolos se encaminen -como procesionarias- hacia esos sitios donde les esperan con cariño. 

Y los gimnasios son otros lugares donde -según me contó mi informante cani, conocido como Magic Mike (Señor, llévame pronto) en la ciudad y el parque mencionados- un “cuelga” sus Pokemon y allí se quedan hasta que venga otro más malote que ellos, se den de hostias y el que gane se queda con el lugar. Es decir, como un parque virtual dentro de un parque real. Aquí sí que están frotándose las manos, y si yo fuera menor de edad, estaría seguramente sacándole filo al bardeo... ay, qué tiempos!!

Aunque parece que ya ha habido quien ha sacado partido de la idea, y ha aprovechado estos puntos “calientes” del universo PokeMONGOLO para hacer caja o simplemente, alguien fue a tocar los cojones a un lugar que no debía y se encontró lo que no se esperaba; el primer muerto debido a los PokenmonGO es un pobre chavalito -que recibió la llamada de un amigo a las tantas cuando ya estaba metido en la cama para ir a cazar bichos- y apareció a tomar por el culo cosido a balazos (había más de 20 casquillos de bala y creo que los Pokemon no disparan plomo).

Sonará cruel, pero el PokemonGO ha despertado mi lado más malthusiano, y Darwin no estaba exento de razón: la selección natural funciona. Y esta APP de Nintendo ha encendido la chispa de una nueva purga humana (lo que antes hacía la peste o la guerra, ahora lo hará una APP).

La tontería ha llegado YA muy lejos. Hoy he tenido que ver una foto de la policía nazional con unos Pokemon en las redes. A lo mejor es para que vayan a cazarles, o a saber qué función cumple Pikachu en el cuerpo de policía. Lo mismo acaba de comisario honorífico, como Marhuenda. 

También he tenido que ver a un montón de niños sirios -de esos que estamos democratizando a bombazos en su propia tierra, mientras hacemos de barrera física en su huida, para que mueran todos ahogados en el mar- que hacían dibujos de esos putos monstruitos, y no los hacían como el resto de los niños de planeta, no: ellos lo hacían para que los miremos y sepamos que están ahí, antes de seguir tirando bombas que les hagan morir o hervir de odio ante la injusticia, y no lo hacían para enseñarlo a su papá y que les diera un premio por colorearlo bien.

Ya hay sitios hablando del PokemonGo como una más de todas las drogas del ser humano, y no es broma si nos atenemos a las estadísticas: tiene mucho más éxito que la heroína, la cocaína o el tabaco si atendemos al número de personas que quieren repetir y seguir administrándose voluntariamente “la droga” de turno, a todas ellas bate el PokemonGo. Hasta hay quien ha definido los 7 pasos de la adicción o PokemonGOmanía que nos acecha como humanidad y la prestigiosa revista Forbes aprovechó para lanzar un entretenido reportaje que explica por qué hay un montón de personas -que antes parecían normales- comportándose por unos muñequitos virtuales como imbéciles sin criterio, abordando asuntos relativos de los mecanismos de adicción que son comunes a comportamientos y a sustancias.

Sí, también hay “médicos” (joder con la casta, qué peña!!) que hablan de los beneficios del PokeMONGOLISMO para la salud de algunas personas, y es cierto que puede ser bueno... para aquellos a quien alcanzar el estatus de PokeMONGOLO sería un “upgrade” y no un “downgrade”. De todo tiene que haber, y el lema del cuerpo médico es el mismo que el de la “guardiasiví”: todo por la pasta.

Personalmente, tras una fase inicial de cabreo con la mierda del jueguecito, creo que estoy empezando a verle el lado bueno: no voy a dejar ni un mechero sin robar esta tarde en el CSC.

Gracias, Nintendo, por esta nueva enfermedad.

PD: No dejéis de escuchar la canción de Charflex, de la LFAM, sobre el jueguecito de los cojones.

"Pokeparada pa' robar a lo gitano..." ;D





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